No había hecho más que llegar y ya me estaba inundando un sentimiento de arrepentimiento después de lo escalofriante de los sucesos...
Necesitaba pensar con la cabeza y dejar de lado los impulsos. Tal vez se tratará de una broma de mis compañeros por ser la nueva incorporación, si, debe de ser eso.
Salí de la habitación y me encaminé hacia el hall donde se encontraba una Clarisa radiante y con una sonrisa inmensa, así que supuse que se trató únicamente de una broma para asustarme. Deseche las ideas que me habían estado atormentando desde el momento en que salí de la bañera y me concentre en la visita guiada de la rubia, la cual no dejaba de mirarme de reojo.
El castillo era inmenso, único castillo romántico que hay en el País Vasco, situado en un paraje natural de gran belleza en la comarca de Uribe, a 19 kilómetros de Bilbao. Tenía curiosidad por conocer más de su historia, así que decidí preguntarle a Clarisa.
—Clarisa, ¿puedes contarme algo sobre la historia de este lugar? Me parece muy interesante y es magnífico, agradecería saber que ocurrió tras estos muros, no sé, si hay alguna leyenda o algo acerca de este paraje.
—Por supuesto Samara, la historia de este castillo que parece sacado de un cuento de hadas, se remonta al siglo XI, fecha en la que se construyó una torre típicamente medieval sobre la antigua casa de los Butrón, fundada por el Capitán Gamíniz en el siglo VIII en la Anteiglesia de Gatica, sobre el peñascal de Ganzorri. En el siglo XIV la torre primitiva fue transformada en un castillo inexpugnable. Sobre sus muros flotó siempre el temido pendón de los Butrones, cabezas del bando Oñacino, los caudillos más famosos de la comarca y los más fuertes y pendencieros banderizos del País. El castillo de Muñatones, que mandó construir sobre la antigua torre en Somorrostro el cronista Lope García de Salazar, en atención a su mujer doña Juana de Butrón y Mújica, que era hija del sexto señor de Butrón, se construyó tomando como modelo el de Butrón.
—Me parece muy interesante Clarisa, y ¿qué hay de sus gentes? ¿Alguna leyenda escabrosa? Perdona que te pregunte eso, es simple curiosidad nada más. Es que contemplando estos muros impasibles una se pregunta que secretos esconden, ojalá pudieran hablar y confesar sus pecados.
—Bueno, su evolución viene seguida de toda una serie de leyendas que, unidas a la realidad, tienen como protagonistas las luchas entre dos familias de nobles, los Gamboinos, que eran los dueños del castillo, y los Oñacinos. La pelea se saldó con varios muertos. Se dice que la hija pequeña de estos últimos estaba enamorada de uno de los hijos de los Gamboinos, pero este no era correspondido. Era tanto el amor que le tenía que en poco tiempo se convirtió en locura. Un día con la ayuda de un hechicero mató al joven que tanto amaba, y encerró su alma en un corazón forjado de plata, como penitencia por el amor no correspondido que acabo con su cordura, lo condenó a vagar por la eternidad con la desdicha de no conocer jamás la felicidad.
—¡Impresionante! Que historia más triste... Sé cómo se tuvo que sentir ese muchacho. Clarisa, ¿ese corazón forjado esta en algún museo?
—Samara, no pensarás que eso es cierto, ¿verdad? Tan sólo son viejas leyendas que van pasando de generación en generación. Jamás nadie ha conocido la existencia de algo así. Ahora deberías de ver la cara que has puesto... ¡Tan sólo es historia nena!
—Si, bueno, me adentré tanto en tus palabras que por un momento quise creer que era cierto. ¿No crees que sería fantástico que así lo fuera?
—¡Oh, claro que sí! eso haría de este, un lugar aún más mágico de lo que ya es.
—¿A qué te refieres con eso Clarisa?
—Nada Samara, no es nada, mira a tu alrededor, ¿no te sientes como una princesa mientras vamos caminando por sus pasillos?
—¡Oh si, por supuesto! ¡es maravilloso! Esta mañana cuando llegué no pude dejar de admirar su entorno.
—El castillo se encuentra rodeado por un amplio parque con especies botánicas, lo que le da un aspecto paradisíaco. Está enmarcado en un bosque de robles junto a un pequeño río que va a desembocar a Plencia. Todo esto, unido a su forma propia que recuerda a los palacios centro europeos, le otorga un aspecto de palacio sacado de un cuento.
—¡Exacto Clarisa! que fácil resulta hablar contigo aún cuando no encuentro las palabras adecuadas.
—Bueno, ahora que ya tienes una extensa clase de historia sobre este magnífico lugar, ¿qué tal si te presento al resto de empleados que trabajan aquí y de paso vamos a ver a Laura para ver con que rico manjar nos sorprende hoy para comer?
—Eso suena muy bien Clarisa, será lo mejor, desde que me levante hoy a las ocho y tome mi café con leche lo único que ha entrado a esta boca es aire.
Caminamos por un largo pasillo hasta llegar a la cocina, allí una chica de baja estatura vestida con un uniforme removía el contenido de una de las ollas. Olía a gloria, lo mismo le pareció a mi estómago que descaradamente comenzaba a gruñir por sus carencias.
—Buenos días Laura, te presento a Samara, ella será la encargada de inmortalizar cada uno de los eventos que aquí realicemos.
—¡Hola Samara! ¡Encantada! Espero que tengas buen apetito, porque no acepto recoger los platos si no están vacíos.
En ese momento mi estómago comenzó a rugir y las tres nos echamos a reír. Acompañé a Clarisa hasta llegar a una pequeña estancia donde claramente podía apreciarse que era el lugar donde los empleados pasaban su tiempo libre para comer, ver televisión, relajarse. Allí se encontraba un chico, Eric, un chico que parecía ser de mi estatura o quizás algo más alto, moreno, de unos 28 años, con uniforme similar al de Clarisa, ojos color miel y cuerpo bien trabajado, él era el recepcionista, estaba sentado en el sofá que había en la sala, mientras estaba inmerso en un libro cuya portada me fascinó, Mortusermo, tal vez se lo pediría para poder leerlo cuando lo terminará. Clarisa tuvo que carraspear varias veces para que este se diera cuenta que no estaba solo en la sala.
—Ah, hola Clarisa.
—No es preciso que seas tan efusivo en tu saludo Eric.
—Aún estoy molesto contigo.
—Vamos, no seas tan niño, fue un error por mi parte y ya te pedí perdón.
—¿Que no sea tan niño? Clarisa, ¡destrozaste mi camiseta favorita para darle trapos a Laura! !Mi camiseta favorita! ¡Para limpiar! ¡Estas loca!
—¡Ay ya! No seas infantil, ya te dije que te compraría una igual, ¿no?
—Pero ya no será lo mismo Clarisa, esa tenía un valor sentimental ¡incalculable!
—Si claro, porque la llevaste puesta durante la gira de tu grupo de rock favorito. Vamos Eric...
—Perdonar chicos por meterme, ¿hola? Estoy aquí.
—Perdón, casi me olvido, inmaduro te presento a Samara, Samara te presento a... Eric.
—Hola Samara, y tú te encargarás ¿de?
—Fotografía, encantada Eric.
—Igualmente morena. Mi perfil bueno es el derecho, no lo olvides.
—Samara, no le hagas caso, ya has visto el circo que ha montado por un trozo de tela, él es así...
—Haya paz chicos, dejen de discutir por banalidades...
—Ves Eric, banalidades, cosas insignificantes...
—Perdón, no quise ser grosera, pero me temo que sois capaces de no parar en un buen rato de discutir y yo ya tengo hambre.
—Fantástico Clarisa, ahora pretendes matar a la pobre chica de hambre. Lo siento Samara, vamos a comer. Iré a ayudar a Laura con la mesa, sentaros antes de que me arrepienta.
Comimos en una calma absoluta hablábamos de nuestra música favorita, comida, familia. Después como aún no teníamos cosas que hacer me dirigí a mi cuarto para poder descansar un poco. Cuando entré en la habitación de repente volvió a mi mente inconscientemente el recuerdo de lo ocurrido en la mañana, y por alguna extraña razón con ella lo hizo el rememorar la historia que Clarisa me contó mientras me enseñaba cada rincón de este espléndido lugar. ¿Sería incierto del todo? Tenía mis reservas al respecto.
Sin pensarlo, me quite mis botines y los deje a un lado de la cama y me tiré en esta para poder dormir.
Unos golpes en la puerta me despertaron, ya era de noche. No sabía cuánto tiempo me había dormido, pero sí que había soñado. Abrí la puerta y ahí estaba ella.
—¿Que te ocurría Samara? Llevo una hora llamando.
—Lo siento Clarisa, me quedé dormida, no te escuche.
—No pasa nada, nosotros ya hemos cenado, pero Laura te ha dejado preparado algo de cena. Ahora le diré que lo suba, supongo que preferirás cenar aquí.
—¡Oh, gracias! si, será lo mejor.
Tras cerrar la puerta volví a tirarme encima de la cama, y comencé a recordar parte de mi sueño. Estaba en la biblioteca antigua del castillo y buscaba desesperadamente algo entre los miles de libros que abarcaban las estanterías de madera tallada. No sabía que era, pero por la desesperación debía de ser importante. Ese nombre, volvió a cruzarse por mi mente como si de un destello se tratará, me sentía nerviosa, intranquila, curiosa, por saber que estaba ocurriendo. Andrew, dije en voz alta, y de repente las puertas del armario se abrieron de par en par. Di un salto sobre la cama tan grande que de poco me quedo pegada en el techo mientras mi corazón salía por mi boca. Me levanté para cerrar las puertas y cuando ya estaba a punto de recobrar la tranquilidad, Laura abría la puerta con una bandeja de comida sobre sus manos. Demasiadas emociones para el primer día. Opte por no contarle nada a Clarisa por el momento, pues no quería parecer una lunática, así que cené tranquilamente y volví a acostarme esperando no sufrir ningún contratiempo más y poder descansar para un nuevo día. Hoy más que nunca en mi vida tenía la terrible sensación de sentirme incompleta. Mi mente no paraba de pensar en todo lo que había sucedido, hasta que sin darme cuenta, caí en brazos de Morfeo.
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