viernes, 10 de febrero de 2017

1.Otra oportunidad

Conducía hasta mi posible nuevo trabajo, esta vez esperaba tener más suerte, pues en el último ni me llegaron a pagar.

Trabajé durante mes y medio como camarera en un restaurante hasta que un día al llegar al local después del fin de semana, éste estaba completamente desmantelado y no había ni rastro de sus propietarios. Nos dejaron a todos en la calle y sin poder cobrar nuestros salarios. Por suerte era una chica que salía poco, más bien nada y apenas gastaba, por lo que tenía algún dinero ahorrado para poder ir subsistiendo hasta poder encontrar otro trabajo.

No tenía ataduras de ningún tipo, con mis padres me llevaba bien, pero teníamos muy poca relación porque siempre veían mal todo lo que hacía, y me recriminaban el hecho de que me marchará a vivir fuera y aún no tuviera pareja.

Pero en verdad, no era culpa mía que todas las relaciones en las que había estado involucrada fueran con chicos inmaduros, que tuvieran miedo al compromiso y que prefirieron encuentros esporádicos. La última relación que mantuve me dejó bastante marcada puesto que habíamos puesto fecha de boda. Pero después de descubrir que me engañaba decidí que jamás nadie volvería a merecer mis lágrimas, el amor no estaba hecho para mí, no volvería a sufrir nunca más desilusiones, ya no, me volcaría en mi trabajo y en hacer lo que más me gustaba. Buscando en el periódico de entre las ofertas de la sección de empleo, apareció uno que llamó mucho mi atención, se ofrecía un puesto de fotógrafa para una importante cadena de hoteles famosa por los eventos que celebran.

La fotografía siempre fue mi pasión, el objetivo es capaz de captar aquello que no todos los ojos son capaces de ver, sensaciones, emociones...

Mis padres siempre me hacían bajar de mi nube, ellos preferían que hiciera otra cosa que me diera más estabilidad, pero al final, estudié fotografía, creo que ese era uno de los motivos por los que estaba tan distanciada.

En la entrevista que tuve en la agencia, me dijeron que el trabajo era en Playas de Gorliz, Gatika en la provincia de Vizcaya, España. Rodeado de poblaciones que distan poco entre sí, como Sopelana o Urdúliz. La empresa había adquirido recientemente un magnífico castillo que había salido en subasta para remodelarlo, su nombre lo habían mantenido intacto, Butrón.

Cuando llegué, no podía creer lo que tenía frente a mí, me quede petrificada al ver tanta belleza, era como sacado de un maravilloso cuento de hadas.

Unos preciosos y bien cuidados jardines rodeaban a aquel imperioso gigante de piedra que había perdurado por siglos. Toda clase de flores exóticas por doquier, hileras de palmeras bordeaban el camino y una preciosa fuente en el medio de un amplio patio que dotaba de una belleza extrema aquel inmaculado lugar.

Caminé con mi equipaje hasta la entrada, puesto que a partir de ese momento, esa maravilla sería parte de mi hogar. Salió a recibirme Clarisa, la encargada de eventos, una chica alta y delgada, de tez blanca y cabello rubio corto, tenía unos penetrantes ojos color café que estudiaban cada uno de mis movimientos. Yo desde luego parecería una tonta babeando conforme me iba adentrando al castillo, pero era tan fantástico, que era imposible no hacerlo. Clarisa me acompañó hasta la que sería mi habitación mientras que estuviera trabajando allí.

Llegamos a una puerta de madera tallada, era preciosa, daba la sensación de adentrarte en la historia que guardaban celosamente estos muros. La habitación no era muy grande, pero era digna de admiración. Había una cama con dosel de madera tallada y a los costados caían unas preciosas cortinas transparentes y brillantes que daban la sensación de poder cubrirte con un manto de estrellas, mientras acostada sobre una mullida nube te dejabas llevar en brazos de Morfeo. También había un precioso tocador con espejo y una butaca, un armario de dos puertas y justo al lado una puerta que supuse sería el baño. Era muy acogedor, presentía que iba a sentirme muy bien rodeada de tanta historia.

Eran las diez de la mañana, Clarisa me esperaría en el hall de recepción a las doce para enseñarme este magnífico lugar. Así que, cuando me quede sola, comencé a sacar mi ropa y a colocar mis cosas y decidí darme una ducha para poder cambiarme y ponerme algo más cómodo.

Abrí la puerta que estaba situada al lado del armario y efectivamente era el baño, no era muy grande pero sí lo suficiente para tener una pequeña bañera. Comencé a llenarla de agua tibia y perfume con sales para relajarme.

Me estaba quitando la ropa para meterme dentro, cuando un sonido me sobresalto y me tapé rápidamente. Me quedé en silencio, solo se escuchaba el agua caer, mis latidos y mi respiración acelerada, apague el grifo para poder escucharlo con mayor claridad, pero ya no escuche nada.

Termine de quitarme la ropa y me metí dentro, era reconfortante la calidez del agua al contacto con mi piel, así que me sumergí. Estuve un minuto bajo el agua, y cuando salí cerré los ojos para relajarme en el silencio que inundaba aquel lugar.

No recuerdo si me dormí y cuanto tiempo estuve así, solo se que me sobresalte con un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo al escuchar un leve susurro en mi oído que claramente pronunció un nombre. Me levanté de un salto asustada imaginando que alguien estaba a mi lado, pero no, estaba completamente sola.

Debí estar soñando, intente convencerme de que todo era debido al cansancio, y al nuevo lugar donde me encontraba. Salí envuelta en una toalla y me dispuse a vestirme para mi cita con Clarisa. Algo en mi me decía que tenía que recordar, pero no le di mayor importancia.

Me puse unos pantalones de tela negros, una camisa color marfil y mis botines negros, me acerque al tocador para ponerme algo de color y hacerme el pelo. Cuando me giré hacia el tocador, el espejo estaba empañado en vaho y pude ver que aparecían unas letras escritas en él, Andrew...

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